
Mi casa era muy distinta a las que se venían construyendo por ese lugar. Mi familia se la encargó a un prestigioso arquitecto que había estudiado en Europa. Éramos la envidia de la zona. Como el patio trasero estaba más bajo que la parte delantera, hicieron el acceso por la planta alta, donde estaban el salón y la cocina. Era curioso ver como la playa estaba más alta que patio de atrás. Me imaginé que un grupo de arqueólogos del recién pasado siglo XIX había encontrado un importante yacimiento en ese mismo lugar, y debido a las excavaciones, el nivel del patio había descendido varios metros. El jardín de mi casa acogiendo fósiles y restos arqueológicos… ¡qué emocionante! El jardín delantero de la casa era la propia playa, y como límite,la orilla del mar. Solo 20 pasos me separaban del mar cuando bajaba a desayunar a la cocina por las mañanas. Me gustaba dejar la puerta entreabierta para que el olor a sal se mezclase con el olor del café recién hecho en el puchero.....
Aquella noche la luna había revolucionado el mar más de lo habitual. La marea comenzó a subir de forma tímida y sigilosa hasta colarse por la puerta de la cocina e inundar el salón. Por supuesto, las habitaciones, que estaban en la planta inferior, la que daba al patio trasero,se habían inundado también. No obstante el baile no se suspendió, era muy importante para mí, mi primer cumpleaños del recién estrenado siglo XX. Encendimos las velas y los candiles y los pusimos en lo alto para que no se mojasen. Teníamos que hacer grandes esfuerzos para movernos por el salón, ya que el agua nos llegaba al pecho. Las gasas y los bordados lucían más bellos que nunca iluminados por el reflejo de las velas en el agua. Las telas habían sido traídas de ultramar,y no era cuestión de desaprovechar la ocasión de lucirlas. Comenzó el baile. Las notas musicales del harmonio viajaban a través del agua. Estaba feliz, sonreía. Nos cogíamos las manos y saltábamos al ritmo de la música, girábamos y reíamos sin cesar. Las ondas rojizas del pelo me caían sobre los hombros, y se me mojaban las puntas.Flotaba en el agua. Nadé. Nadé como en las tardes de verano en el lago donde no había nadie y podía quitarme la ropa y bañarme en enaguas. Riendo, sin esperar nada, sólo pasando el tiempo rodeada de agua…....
Algo me llamó la atención al mirar hacia el fondo.Sentí un fuerte deseo de bajar a la planta de abajo. Parecía que debajo de aquel suelo de madera un corazón latía llamándome. Soltándome de las manos de mis compañeros de baile, me sumergí en el salón y me dirigí hacia las escaleras. Al bajarlas me quedé sin aire y tuve que subir a respirar. Llené mis pulmones todo lo que pude y descendí de nuevo. Esta vez llegué abajo, pero casi no pude avanzar por el pasillo. Tuve que subir a respirar. Al sumergirme de nuevo logré llegar hasta la primera puerta. No conseguí abrirla. Ni siquiera tenía la certeza de que el corazón luminoso estuviese allí, pero yo sentía la llamada cada vez más fuerte. El vestido pesaba mucho y se me enrollaba alrededor de las piernas. Creí que me ahogaría intentando subir de nuevo por el hueco de las escaleras. Una gran bocanada de aire y unos segundos de descanso serían suficientes para recuperarme y volver a bajar. El pelo se me metía en la boca dificultándome respirar, y las gasas del vestido me envolvían la cabeza y los brazos. La angustia y el ahogo iban en aumento. Me aparté el pelo de los ojos y la boca y pude respirar. Respiré fuerte, intenté relajarme y decidí bajar de nuevo.....
...
- Marta, espreciosa esta casa, ¿de qué año es? Debe tener por lo menos cien años, queestas estructuras de madera ya no se ven.....
- No lo sé, Cris,pero debe ser bien vieja porque mira como está.....
- Si – dijeacordándome de las patologías de lamadera que había estudiado....
en la universidad – la madera de la puertaestá podrida.....
La puerta de la cocina estaba entreabierta. El olor a sal del mar entraba impregnándolo todo. Quince o veintepasos nos separaban de la orilla. No dejaría nunca de sorprenderme la estructura de esa casa. Me parecía increíble que a principios del siglo XX alguien hubiese podido construir una casa en ese lugar. El patio trasero estaba a un nivel más bajo que la parte delantera, la que daba al mar. Pregunté a toda la familia de Marta, pero nadie supo contestarme a qué se debía. Cuando tenga tiempo intentaré hacer un estudio para averiguarlo.....
- Cris, ¿puedescoger a los niños un momento?....
- Claro, dámelos.....
Los cogí de sus brazos. Regordetes y preciosos, eran unos niños adorables. Me hacían mucha gracia los hoyuelos que le salían al mayor en las manitas. El hermano pequeño era aún muy chiquitín y estaba dormido envuelto en su mantita.....
- Se inunda la casa cuando sube la marea? – le pregunté a Marta.....
- Sí, sí que se inunda, está demasiado cerca del mar. Podrías hacernos un murete para que proteja la puerta y no entre el agua.....
En ese momento miré al quicio de la puerta y vi el agua entrar a través de la madera podrida del peldaño. La cantidad de agua que entraba en la cocina fue aumentando...
- Cris, ¡corre!Baja y lávale la cara y las manos a los niños.....
No entendí por que tenía que lavarlos en ese momento en vez de intentar achicar el agua de la cocina. Cosas de madre, supongo, como yo no soy madre… Se debió quedar ella sacando el agua. Bajé las escaleras y senté al mayor en la encimera mientras lavaba las manitas y la cara del bebé. Entonces lo sentí. Sentí un corazón latiendo detrás de mí, llamándome. Me di la vuelta y avancé por el pasillo hasta la primera puerta. El poder que ejercía el calor de ese corazón sobre mí me hizo abrir la puerta. Y lo vi. Su corazón me llamaba porque se había parado. La imagen de su cuerpo sin vida me paralizó. No me salía la voz, no podía llamar a nadie, sólo podía llorar. Me quedé mirando su cara, abrazando a un hijo que no era mío, que no era nuestro. La muerte se volvió a presentar en esa casa, acabando con los sueños y la vida. Su cuerpo yacía en el suelo arropado por el calor de los hijos que no pudimos tener y los días que no volveríamos a pasar juntos caminando junto al mar.